"... todavía quedan más pistas por descubrir."

lunes, 20 de junio de 2011

HERIDAS POR ARMA BLANCA Y SU CLASIFICACION



Después de haber publicado una serie de artículos sobre victimología y psiquiatría forense he decidido retomar los temas propios de la medicina forense, criminología y escena del crimen, para ello empezaré con las armas blancas, que son medios de uso común en asesinatos o intentos de asesinato, suicidios, etc.

Las armas blancas son instrumentos lesivos utilizados manualmente y que atacan la superficie corporal a través del filo. De acuerdo a su mecanismo de acción, las heridas que producen se clasifican de la siguiente manera:

• Heridas punzantes.
Heridas cortantes.
• Heridas punzocortantes.
• Heridas corto-contundentes.

Heridas Punzantes


Son producidas por instrumentos de forma alargada, de diámetro variable, de sección circular o elíptica, que terminan en una punta aguda. Se trata de cuerpos cilíndricos o cónicos alargados en forma de punta afilada. Estos instrumentos pueden ser naturales (espinas, aguijones) o artificiales (alfileres, agujas, flechas, clavos, lanzas, etc.).

Los instrumentos punzantes penetran en los tejidos actuando como una cuña, disociando y rechazando lateralmente los elementos anatómicos del tejido que atraviesan. Cuando el instrumento tiene cierto grosor, existe un verdadero desgarro al vencer los límites de elasticidad. Por lo tanto, la parte principal de estos instrumentos es la punta porque concentra la fuerza en una superficie relativamente limitada.

Las heridas provocadas por estos instrumentos punzantes se establecen por la existencia de un orificio de entrada, de trayecto más o menos largo o cuando atraviesan completamente una zona del cuerpo, es decir, cuando también poseen orificio de salida.

El orificio de entrada por lo común se ubica en la piel, raramente en las mucosas. Cuando el instrumento es muy fino que no sobrepasa los límites de elasticidad, se ve reducido a un punto de color rojizo o rosáceo, cuya huella puede desaparecer en 72 horas o menos. Aunque el orificio de entrada sea pequeño no quiere decir que la herida sea leve, puesto que las lesiones de apariencia insignificante pueden tener graves consecuencias por su capacidad para alcanzar órganos vitales. Además, las complicaciones de tipo infeccioso pueden agravar el pronóstico. En otras ocasiones, el instrumento se rompe y se alojan partes del mismo en el fondo de la lesión.

Cuando el instrumento es más grueso, con lo que su diámetro sobrepasa el límite de elasticidad de los tejidos, el orificio adopta la forma de una hendidura de ángulos ligeramente redondeados. Los ángulos pueden ser casi perfectos e iguales.
La forma y la dirección del orificio de entrada es de mucha importancia médico-legal, debido a que en ello reposa buena parte del diagnóstico del instrumento responsable. De allí partieron las leyes de Filhos y Langer.

La dirección del orificio está determinada por l que tengan las fibras elásticas de la dermis. Si se conoce este dato, puede preverse la dirección del orificio en las distintas regiones del cuerpo, y si coinciden ambas direcciones sirve como comprobación de que la herida ha sido producida por un instrumento bicortante (doble filo). El trayecto de las heridas producidas por instrumentos punzantes está constituido por un canal que atraviesa los tejidos que forman parte de la lesión. En el cadáver, este trayecto se señala por una línea rojiza que es el resultado del derrame de sangre en su interior. Pero la característica principal de este tipo de heridas se produce cuando el trayecto incluye diferentes tejidos superpuestos por planos, de esta forma se produce la misma regularidad que para el orificio en la piel.

Cuando existe el orificio de salida, es común que sea irregular, comparado con el de entrada porque la piel se perfora de adentro hacia fuera y de esta manera da lugar a una especie de “estallido”, con lo que suelen producirse fisuras y rupturas atípicas. Su tamaño suele ser menor que el del orificio de entrada, esto se debe a la forma cilíndrico-cónica del instrumento, con lo que su extremidad libre es de menor diámetro.

En cuanto al pronóstico de este tipo de heridas, es importante mencionar que generalmente es bueno, aunque depende de diferentes factores como: zona herida, profundidad de la lesión, limpieza del arma. Las circunstancias que agravan el pronóstico son: que la herida penetre en una cavidad, que haya afectado órganos vitales o de importancia funcional, que la contaminación del arma produzca una infección en un área profunda.

Herida Cortante

Los objetos cortantes se definen por la existencia de una hoja filosa de espesor variable y de sección triangular. Algunos objetos actúan accidentalmente como instrumentos cortantes (láminas de metal o trozos de vidrio). Los verdaderos instrumentos cortantes son los cuchillos, navajas, bisturíes, etc.

Estos instrumentos penetran el tejido en forma de cuña y lo dividen, produciendo soluciones de continuidad. El corte es facilitado cuando el filo aborda de forma oblicua la superficie, pues el ángulo cortante resulta más agudo cuanto mayor es la oblicuidad. La acción del instrumento puede llevarse a cabo por simple presión o por presión y deslizamiento, en este último caso los efectos son mayores.
Las heridas provocadas por instrumentos cortantes responden en general a tres tipos diferentes: heridas lineales, heridas en colgajo y heridas mutilantes.

Heridas lineales: se producen cuando el instrumento penetra de forma perpendicular produciendo una solución de continuidad. Por efecto de la elasticidad de los tejidos que fueron seccionados, la herida tiende a abrirse y adquiere la forma de óvalo alargado. Las características principales de este tipo de heridas son:

o Bordes: las heridas se caracterizan por su regularidad y limpieza en sus bordes, que al retraerse, hacen parecer la herida fusiforme. Los bordes se separan de acuerdo a la dirección del traumatismo; la retracción es máxima cuando el corte interesa perpendicularmente la dirección de las fibras elásticas cutáneas.

o Extremos: suelen terminar haciéndose superficiales, formando las llamadas colas. Estas colas son más aparentes cuando en el corte de la piel predomina el mecanismo de deslizamiento. Existe una cola de “ataque” que corresponde al inicio del corte y una cola “terminal”. Ambas colas pueden ser iguales o desiguales.

o Paredes: a veces presentan profundidad notable, dando lugar a la formación de paredes que confluyen hacia abajo, dibujando una sección triangular de vértice inferior. Las paredes son lisas y regulares, sin embargo, dentro de esta característica, cuando el corte ha comprometido capas superpuestas de distinta estructura y en su caso, elasticidad, la diferente retracción de estos tejidos puede dar cierta desigualdad a la pared. Cuando en la zona herida hay un plano óseo superficial, allí se detiene el corte y se forma el fondo de la herida.

Heridas en colgajo: se producen cuando el instrumento cortante penetra más o menos de forma oblicua, con lo que uno de los bordes queda cortado en forma de bisel obtuso, mientras que por el otro, resulta una lámina o colgado de sección triangular con el borde libre.

Heridas múltiples: se producen cuando el instrumento ataca una parte saliente del cuerpo (orejas, dedos, punta de la nariz, pezón, etc.) dando lugar a su separación completa. Si el arma no está muy afilada, es común que se produzca arrancamiento o tracción.

Heridas atípicas: entre las más comunes se encuentran las siguientes:

o Rozaduras o Erosiones: se originan cuando el instrumento roza tangencialmente la superficie cutánea, en la que sólo produce una erosión o el desprendimiento parcial de la epidermis.

o Herida en puente o en zig-zag: se deben a las características de la región. Cuando hay pliegues cutáneos o se trata de una zona laxa como los párpados o el escroto. Aun con la simple presión del instrumento, el arma actúa linealmente, pero como consecuencia de haber formado pliegue cutáneo, al extender la región se ven dos cortes separados por un puente o bien una herida en zig-zag.

o Heridas irregulares: la falta de filo del arma da lugar a que la herida presente irregularidades, hendiduras o laceraciones. Según el número e intensidad de éstas, se modifica la forma de las heridas, lo que a veces provoca que resulte complicada la determinación de su origen.

El pronóstico de las heridas cortantes depende del instrumento, finura y limpieza del arma, de la zona afectada, vascularización del área, órganos afectados con el corte. Pueden ser mortales debido a la hemorragia o embolia gaseosa que provocan. Puede haber muerte tardía si existen complicaciones infecciosas. Si las heridas no provocan la muerte, la duración de estas lesiones suele ser corta porque el proceso de cicatrización es rápido, dando lugar a cicatrices lineales o alargadas.

Herida Punzo-Cortante

Su parte dañina está constituida por una lámina más o menos estrecha que termina en una punta y recorrida por una, dos o más aristas afiladas y cortantes. Entre los instrumentos punzo-cortantes más frecuentes se encuentran las navajas, cuchillos de punta, puñales, estiletes, verduguillos, etc.

Su mecanismo de acción se considera como la suma o término medio de los instrumentos punzantes y los cortantes, por lo que actúan simultáneamente por la punta y por el filo. Estas heridas se asemejan a las punzantes, de la misma forma que en ellas, puede distinguirse un orificio de entrada, un trayecto y en ocasiones, un orificio de salida.

El orificio de entrada puede ser típico o atípico. En cuanto al típico, su morfología varía de acuerdo al instrumento utilizado:

Hoja plana y bicortante: cuando el instrumento posee una hoja plana y bicortante la herida que produce tiene la forma de una fisura, parecida a la del instrumento cortante, pero más profunda. Su dirección sigue la del diámetro transversal del instrumento y por lo tanto, cambia según la posición de éste, con independencia de la orientación de las fibras elásticas de la piel. Puede no tener cola si el arma entró y salió perpendicularmente; tener una si al entrar o salir formó un ángulo agudo; y tener dos si cada vez lo forma un lado.

Hoja plana y monocortante: también forma una fisura, pero de sus dos extremos uno es más agudo y presenta cola evidente, mientras que el otro es más romo o redondeado. Esta diferencia entre los extremos de la fisura se difumina cuando la herida es perpendicular a la dirección de las fibras elásticas y cutáneas, por lo que la retracción de los bordes de la herida se hace muy acusada y adquiere una forma oval alargada. En estos casos, basta con aproximar los bordes de la herida para hacer evidente la diferencia de los ángulos.

Hoja gruesa monocortante: su característica es la presencia de un lomo, opuesto al borde cortante. Como consecuencia, la herida forma un verdadero ojal, uno de los extremos es agudo y en cola, mientras que el otro es casi cuadrado, por presentar pequeñas hendiduras debidas a los ángulos que el borde romo forma con las dos caras de la hoja.

Hoja pluricortante: el orificio de entrada tiene forma estrellada, con tantas puntas como bordes cortantes posea el instrumento. A veces, alguno de los bordes no marca su corte, por lo que no siempre se puede deducir de la herida la forma del instrumento. Un mismo instrumento puede producir heridas con un número diferente de ángulos cuando hiere reiteradamente una misma zona corporal.

• En el caso de las heridas atípicas, sus causas radican en el instrumento o en la forma en que se produjo la herida. Por lo que respecta al instrumento, deben señalarse aquellos cuya hoja es de superficie irregular y corte desafilado, las limas por ejemplo. En este caso, el ángulo de la herida correspondiente al borde cortante no es muy agudo y no presenta cola, mientras en los bordes de la herida se observan numerosos y pequeñísimos desgarros. En cuanto a la forma de producirse la herida, le da un carácter atípico el que la víctima o el arma se muevan, en cuyo caso la herida deja de ser rectilínea y se produce una línea curva, quebrada o mixta.

El trayecto de las heridas punzocortantes puede adoptar distintas formas:

• Puede ser único o múltiple, según el instrumento con que se haya realizado, puede haber una sola penetración, aún sin haber salido del todo.

• Puede ser perpendicular al plano de la piel u oblicuo. En este último caso, si el arma ha abordado oblicuamente los tejidos, con oblicuidad paralela a las caras del arma, el bisel producido permite diagnosticar desde fuera la dirección del trayecto.

• El trayecto puede ser en fondo ciego o en canal completo, traspasando por completo la parte anatómica y dando lugar a un orificio de salida.
Orificio de salida

No siempre está presente, cuando lo está suele ser de menores dimensiones que el de entrada, pues las armas punzocortantes son ordinariamente más finas por la punta. También es habitual que cuchillos y navajas sean bicortantes en la punta y monocortantes en la base, por lo que la forma del orificio de entrada y el de salida son es distinta.

Si el arma tiene suficiente longitud y la herida recae en ciertas regiones, es posible encontrar dos orificios de entrada y uno de salida para una misma herida cuando el instrumento ha atravesado totalmente una parte del cuerpo y ha alcanzado otra subyacente, por ejemplo, una herida que interese el tórax después de haber traspasado el brazo.

El pronóstico es similar al de las heridas punzantes.

Heridas producidas por tijeras

Las tijeras constituyen un instrumento punzocortante que por su morfología particular da lugar a lesiones con características propias, que permiten ser individualizadas. Esas características radican en el orificio de entrada en la piel, que aparece bajo dos aspectos distintos. Según el modo como haya entrado el instrumento, si éste se introduce con las dos ramas cerradas produce una herida única en forma de ojal o en rombo, a veces con una melladura en uno o ambos lados, que resultan de la acción cortante del borde afilado de cada rama de la tijera. Si por el contrario, se ha introducido con las ramas abiertas, se producen simultáneamente dos heridas en forma de fisura lineal que dibujan en conjunto una “V” completa o incompleta.

En las extremidades proximales de ambas fisuras, que corresponden a los bordes cortantes de las ramas, es posible la formación de una pequeña cola.
Heridas por otros instrumentos cortantes y/o contundentes
En este apartado haremos referencia a instrumentos que poseen una hoja afilada, pero que poseen peso considerable, por lo que a su efecto cortante debe agregarse el propio de su fuerza. Entre ellos tenemos: azadones, hachas, cuchillos pesados, etc. En estos casos, cuanto mayor sea el peso, más fuerza le dan al filo cortante.

Las heridas producidas por estos instrumentos también se llaman heridas inciso-contusas, reúnen las características de las heridas cortantes producidas por armas contundentes. Cuando el instrumento está bien afilado, las heridas aparecen iguales que las heridas de corte, aunque más profundas e incluso pueden llegar hasta el hueso. Aunque por lo común el filo no es muy agudo, pues el arma suele tener cierto espesor que impide que sea afilada, en este caso, la herida presenta los bordes irregulares como las heridas contusas.

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